
Juan Ramón Troncoso Pardo se encuentra en su despacho sin mucho que hacer cuando aparece su consejero.
- Señor Alcalde, ¿podría darle el visto bueno a esto?
- Estoy muy ocupado, ahora le daré el visto y venga después a por el bueno.
- Como usted diga. Por cierto, han llegado unas cartas sin remitente bastante extrañas.
- ¿Ponen "al alcalde más honrado del Aljarafe"?
- Nop.
- Entonces son para mí.
- Hoy será un día largo.
- No diga usted tonterías, todos los días tienen 27 horas. Siempre ha sido así, al menos desde que yo nací.
- No, me refiero a los manifestantes.
- ¿Protestan para alargar el día?
- No, quieren que se respete el salario de una trabajadora de su Ayuntamiento.
- ¿Querrán ser esclavos de un salario?
- No.
- ¿Y qué es lo que te hace esclavo de un salario? Pues el salario. Si son anarquistas deberían de ser libres, no hay nada como la libertad, excepto quizás un buen salario. Sed libres, amigos. Uno para todos y todos para mí. Regresemos al trabajo, que no se preocupen por ese salario, de todas maneras la trabajadora no va a cobrarlo. ¿Me sigue usted?
- Desde luego.
- Pues deje de hacerlo o llamaré a la policía.
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